Extraña paz

Me miras, expectante, desde tu torres de marfil,

donde esperas que caiga cual alfil,

Y yo, frágil, me escondo entre risas para que no veas que hay días en que estoy hecha trizas.

Los días van y vienen, bailando una danza de melancolía,

No te miento, hay días que la alegría esta presente y me embarga una calidez extraña, puede ser mi esperanza mintiendo airadamente, pero me calma.

Hay días que los pies me pesan y requiero más esfuerzo.

Otros, se me obsequia una extraña paz.

Nadie me había dicho que la esperanza puede ser tan peligrosa... 

poco a poco escapo de todo esto que me ata, que me lastima y a la vez me encanta...

¿Quién dijo que el dolor no calma? Me anestesia, me coloca en mi centro, me recuerda que soy humana y que cometo fallas...

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